En el sur de Chile, donde los fiordos se entrelazan con volcanes nevados, dos actividades productivas aparentemente distantes –la salmonicultura y la vitivinicultura– comparten un desafío existencial: reinventar sus prácticas ante los límites ecológicos del Antropoceno. Mientras la primera enfrenta cuestionamientos globales por sus impactos ecosistémicos, la vitivinicultura regenerativa podría iluminar nuevos caminos para la producción de alimentos.
Esta columna explora cómo los principios que guían a este modelo de producción vitivinícola constituyen un modelo inspirador para reimaginar la acuicultura del futuro, con un ejemplo concreto en la cuenca del Lago Llanquihue.
La paradoja productiva del sur de Chile: Entre extractivismo y regeneración
En las frías aguas de la Región de Los Lagos, la salmonicultura ha escrito capítulos contradictorios de desarrollo económico y costo ambiental. Mientras tanto, en las tierras volcánicas que rodean el Llanquihue, una pequeña viña chilena inicia una revolución silenciosa desde sus viñedos. La apuesta de Viña Casa Klocker Prambs por la vitivinicultura regenerativa no solo produce espumantes de alta calidad, sino que demuestra cómo la actividad humana puede convertirse en fuerza restauradora de ecosistemas.
El paralelo resulta provocador: ambas industrias dependen críticamente de condiciones ambientales específicas –la temperatura de las aguas para los salmones, el balance hídrico y térmico para las vides–. Sin embargo, sus respuestas a la crisis climática divergen profundamente. Mientras un modelo acuícola intensivista lucha por contener sus externalidades negativas, Viña Casa Klocker Prambs ha hecho de la adaptación regenerativa su principal activo productivo.
Lección 1: El suelo como sistema vivo, el mar como ecosistema
La viña opera bajo un principio fundamental: entender el suelo volcánico como un organismo complejo donde interactúan raíces, microorganismos y materia orgánica. Esta visión holística contrasta con un enfoque reduccionista que aún predomina en algunos centros de cultivo, donde el fondo marino suele considerarse mero soporte para las jaulas.
La práctica de viticultura regenerativa demuestra que incrementar la biodiversidad –lejos de ser obstáculo– potencia la resiliencia productiva. En paralelo, la acuicultura regenerativa emergente explora cómo los policultivos marinos (combinar salmónidos con algas y moluscos) podrían transformar las concesiones acuícolas en ecosistemas productivos integrados. El desafío está en escalar estas prácticas desde nichos experimentales a modelos dominantes.

El caso demostrativo
El proyecto colaborativo que surge de Viña Casa Klocker Prambs, donde viñas demostrativas funcionan como laboratorios vivos de aprendizaje campesino, ofrece un modelo transferible. ¿Y si pensaramos en centros acuícolas piloto que, en lugar de ocultar sus procesos, los transformen en aulas abiertas de innovación ecosistémica?. Así como los viticultores regenerativos miden la salud del suelo en lombrices, hongos y bacterias por centímetro cúbico, los acuicultores del futuro podrían monitorear la diversidad bentónica como indicador clave de desempeño.
Lección 2: Condiciones ambientales como ventaja competitiva
En la Viña Casa Klocker Prambs, el frío patagónico –antes obstáculo– se convirtió en aliado para producciones espumantes de lenta maduración y alta complejidad. Esta resignificación de las limitaciones climáticas cuestiona el paradigma productivista de la acuicultura industrial cuyo foco se centra en acortar ciclos de cultivo.
La cría extensiva de salmónidos, aprovechando las corrientes frías para desarrollar carnes más firmes y sabores intensos, podría seguir esta lógica. Así como los espumantes del Llanquihue no compiten en volumen sino en calidad, la salmonicultura regional podría reorientarse hacia producciones premium donde la trazabilidad ecosistémica agregue valor.
Triple impacto Real: Del slogan a la estructura de costos
El modelo de Viña Casa Klocker Prambs trasciende la retórica ASG al integrar rentabilidad, sustentabilidad y equidad social en su ADN operativo. Esta tridimensionalidad resulta particularmente relevante para la acuicultura, sector donde los costos ambientales suelen externalizarse y los conflictos con comunidades locales persisten.
La clave está en rediseñar los flujos de valor: así como la viña regenerativa transforma cada poda en materia orgánica y cada cosecha en identidad territorial, la acuicultura circular podría convertir desechos en fertilizantes, antibióticos en biofilmes protectores, y jaulas abandonadas en arrecifes artificiales.
El desafío de escalar la sostenibilidad
La transición regenerativa requiere ecosistemas de innovación abierta. Esto, transferido al ámbito acuícola, implicaría plataformas de I+D compartidas donde diferentes empresas colaboren en soluciones base (tratamiento de residuos, energías renovables offshore) mientras compiten en valor agregado.
Hacia una bioeconomía patagónica
La lección fundamental de Viña Casa Klocker Prambs radica en demostrar que las limitaciones biogeográficas –lejos de condenar al atraso– pueden cimentar ventajas competitivas irreplicables. Para la acuicultura del siglo XXI, esto implica dejar de ver el mar como espacio de conquista industrial para entenderlo como socio simbiótico.
Así como los espumantes patagónicos narran en cada burbuja la historia de sus suelos volcánicos, los salmones del futuro podrían encapsular en su textura y sabor la salud de los ecosistemas marinos que los sustentan. El camino es largo y complejo, pero cada botella (o filete) que combine excelencia productiva con regeneración ecosistémica marcará un norte esperanzador.
La convergencia entre vitivinicultura regenerativa y acuicultura sostenible no es mera analogía: es un llamado a redefinir radicalmente nuestra relación con la naturaleza productiva. En esta travesía, los viñateros de la Patagonia llevan la delantera, mostrando que otro modo de habitar el territorio es posible… y delicioso.


















