La industria salmonicultora chilena se encuentra en jaque tras la nueva política arancelaria de Estados Unidos. Un reciente informe, desarrollado gracias a una alianza entre SalmonChile y la Universidad San Sebastián, cuantificó el impacto económico de la guerra comercial que se está viviendo en el escenario mundial. Estas medidas anunciadas por Donald Trump podrían impactar significativamente las exportaciones de salmón chileno con un efecto dominó negativo para la economía nacional y, en particular, para las regiones del extremo sur del país.
Los resultados de este informe fueron presentados este jueves 8 de mayo en el Aula Magna de la Universidad San Sebastián, Sede de la Patagonia, Puerto Montt, y en el panel de expertos participó Arturo Clement, presidente de SalmonChile AG, junto a María Francisca Sanz Yuraszeck, presidenta de la Multigremial de Los Lagos, Sergio Hermosilla, vicerrector de la Universidad San Sebastián Sede Patagonia, Alejandro Weber, decano de la Facultad de Economía, Negocios y Gobierno USS, y Pablo Chandía, director de Ingeniería Comercial USS.

Impacto directo e indirecto en Chile
En este contexto, el decano de la Facultad de Economía, Negocios y Gobierno de la Universidad San Sebastián, Alejandro Weber, indicó a InfoSALMON que “dado que buena parte de nuestra exportación se concentra en Estados Unidos, el 42% de lo que nosotros exportamos está allá; el 55% del consumo del salmón en Estados Unidos es proveniente de Chile, por lo que el impacto inmediato por el aumento de las tarifas y la caída de la demanda es significativo”.
Según el análisis, el nuevo arancel del 10% por sí solo podría reducir las exportaciones de salmón en US$571 millones, mientras que el menor dinamismo económico global sumaría una pérdida adicional de US$53 millones, alcanzando un efecto directo que se traduciría en una caída de las exportaciones del sector de US$623 millones (-10,3%).
Pero el impacto no se detiene ahí. El estudio advierte sobre un efecto indirecto de US$773 millones en la economía nacional, elevando la cifra total de pérdidas a US$1.400 millones (0,4% del PIB nacional). Es así como las regiones del extremo sur del país, fuertemente dependientes de la industria salmonera, serían las más vulnerables ante este escenario, con un impacto total que se ubicaría en torno a los US$1.050 millones (9% del PIB regional).
De acuerdo con el análisis, el aporte de la salmonicultura se estima en 2,02% del PIB nacional y entre un 23,5% y 27,5% del PIB de las regiones del extremo sur del país (regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes), considerando el promedio para los años 2018-2019. De esta forma el estudio destaca que el aporte indirecto del sector (aquel asociado a sus encadenamientos productivos con otros sectores) alcanza 1,24 veces el impacto directo en el propio sector.
Así, entonces, el arancel de 10% aplicado por Estados Unidos a las exportaciones de salmón chileno reduciría el precio que perciben los productores en 9%, mientras que las exportaciones de salmón chileno disminuirían su volumen exportado en 15%. En tanto, un menor crecimiento global de 1 punto porcentual (pp) se traduce en una caída del volumen importado global de salmón (y, por ende, del exportado) en el corto plazo de 0,87%.
Tras el anuncio de estos aranceles, Arturo Clément, presidente de SalmonChile, contó que “hoy día lo que ha pasado es que parte de este impacto se ha ido repartiendo entre el importador y el exportador, pero esto pronto se va a traspasar al consumidor. De acuerdo con el estudio, este mayor costo de importación del 10% se va a traspasar al consumidor y, por lo tanto, habrá una menor demanda, un menor precio, y eso va a tener efectos acá, como una menor actividad e inversión. No creo que tenga un impacto importante en el empleo, pero va a generar incluso un mayor estancamiento de la industria que venimos viviendo ya hace bastantes años”.

Posición del mercado chileno frente a la competencia y movimiento hacia otros mercados
Respecto a nuestra competencia directa, que es Noruega, Weber afirmó a nuestro medio que “ellos tienen una posición, en general, de mejores condiciones para afrontar la crisis que nosotros, fundamentalmente porque tienen mercados más diversificados. Ahora, no es cierto que nosotros hoy día estemos en una posición competitiva mayor para enfrentar la demanda del país del norte”
En este punto, es importante destacar que la presencia en el mercado norteamericano de Noruega y Canadá, que ostentan el segundo y tercer lugar, es bastante menor que la chilena, siendo una participación de solo 16% y 14%, respectivamente. Cabe señalar que Noruega fue cargado en un inicio con un arancel del 15%, mientras que Canadá quedó exento de tarifas. En consecuencia, de acuerdo con el estudio, no es evidente que exista una ganancia en términos de precio relativo para Chile frente a sus principales competidores.
Por esta razón, el informe revela que, al ser nosotros el actor principal en el mercado estadounidense, el espacio potencial del salmón chileno para ganar cuota de mercado sería acotado. De hecho, considerando que la elasticidad-precio de este alimento es superior a 1, al ser un producto suntuario y tener otras proteínas más baratas como sustitutos directos, el traspaso de los mayores costos de importación al precio final de los consumidores se traduciría en una caída de su consumo. Esto, además, se vería profundizado por el efecto que la mayor incertidumbre tendría sobre el crecimiento del país norteamericano.
El estudio cita a Gallet (2009), quien realizó un metaanálisis concluyendo que la elasticidad-precio del salmón es 1,28, mientras que para el pescado en general la mediana es de 0,79, lo que sugiere que la demanda del salmón es más sensible al precio respecto de otros alimentos comparables.
Ahora bien, ante la menor demanda estadounidense, Chile podría redirigir su excedente de salmón hacia mercados clave como Brasil (15% de sus exportaciones), Japón (14%), China y Rusia (ambos con 4%). Sin embargo, esta estrategia no estaría exenta de desafíos, ya que el aumento de la oferta en estos destinos probablemente ejercerá una presión a la baja sobre los precios, mitigando el beneficio potencial.
Dicho panorama fue reafirmado por Arturo Clément, quien nos comentó que “el hecho de que hay un impacto en el precio y en la demanda de Estados Unidos, va necesariamente a mover salmon a otros mercados, con lo cual también va a haber un impacto en los precios. Por lo tanto, no solo tiene que ver con una baja y con un efecto en el mercado americano, sino que va a haber un efecto en todos los mercados del salmón chileno”.
«Uno de ellos es el mercado asiático, porque está Japón, que es el segundo mercado en importancia, e indudablemente también va a tener un efecto. En el caso de Europa, exportamos muy poco, por lo tanto, el efecto ahí va a ser mucho menor», comentó a InfoSALMON.
Recordemos que, previamente, en una entrevista, Ricardo García Holtz, gerente general de Camanchaca, empresa asociada a SalmonChile, indicó que probablemente el territorio más afectado desde el punto de vista relativo para Chile sería Asia, ya que en esta región los noruegos están muy presentes y tienen algunas ventajas logísticas que permiten una llegada más eficiente. Por lo tanto, de acuerdo con las palabras del ejecutivo, ahí se canalizaría la oferta noruega o europea que no iría a Estados Unidos, de manera que en esta zona se encontraría más resistencia en materia de precios.

Negociaciones y qué se espera del Gobierno chileno
Frente a este panorama y las cifras reveladoras, Arturo Clément expresó que “del Gobierno esperamos dos cosas: una, que sigamos negociando y trabajando en conjunto para poder lograr que el Gobierno de Estados Unidos llegue nuevamente a arancel cero; y lo segundo es trabajar con el Gobierno chileno en cómo somos capaces de extraer todos estos aranceles ‘invisibles’ que tenemos y que son múltiples”.
En relación a esto último, explicó que “tenemos amenazas que vienen de distintos lados y debemos ver cómo podemos generar mayor competitividad al reducir la permisología, al reducir la burocracia, lo cual no significa que no nos fiscalicen o no tengamos normas claras, sino que estas sean modernas y que nos hagan ser competitivos. Esos aranceles invisibles son tanto o más relevantes que lo que está pasando con Estados Unidos”.
Para ello, hizo un llamado a “trabajar súper duro en mejorar las regulaciones y en definir una estrategia de cómo vamos a hacer crecer la industria para los próximos 20 años. Chile necesita crecer, y en la salmonicultura tenemos una oportunidad enorme. No necesitamos subsidios, necesitamos reglas claras y certezas jurídicas. Y eso cuesta tiempo, cuesta una visión política”.
En cuanto a las proyecciones en las negociaciones y pensando también en el próximo cambio de Gobierno, Clément manifestó que “no sabemos cuánto va a durar esto. Hoy en día existe un equipo negociador liderado por el ministro de Hacienda y la Cancillería, especialmente la Subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales. Claramente, si viene un cambio de Gobierno el próximo año y esto aún no se soluciona, va a existir un nuevo equipo. Pero más allá, en general, las relaciones internacionales han sido como una política de Estado. Por lo tanto, yo creo que, aun cuando cambien las personas, la política va a seguir siendo la misma”.

Estrategias y desafíos de la institucionalidad para abordar el panorama externo y compromisos del TLC
El decano Alejandro Weber señaló que “una de las estrategias que nosotros tenemos que seguir es la diversificación de nuestros mercados. Eso es fundamental hacerlo en una alianza con el Estado, fundamentalmente con ProChile y todos los recursos que ellos pueden destinar para tal efecto”.
“Pero es importante también notar que estos esfuerzos no son de corto plazo, requieren un trabajo de mediano plazo y, por lo tanto, eso, más otras medidas que adopta el Gobierno de Chile, son fundamentales para que nosotros podamos mantener competitividad. La competitividad no solamente está dada por los aranceles que nos imponen, sino también por nuestra capacidad de acceder a mejores alianzas comerciales, a bajar costos en la operación y a generar valor agregado a partir de estrategias de sostenibilidad”, enfatizó.
Para enfrentar esta guerra comercial, el académico sugirió que “lo primero que tiene que hacer la institucionalidad chilena es entregar garantías a Estados Unidos respecto de que nosotros somos capaces de cumplir nuestros compromisos en el Tratado de Libre Comercio (TLC). Eso es lo principal. Y luego vienen los aterrizajes por industria”.
«Lo más importante es que Chile establezca una hoja de ruta de largo plazo para proteger la propiedad industrial según los estándares que Estados Unidos nos está solicitando, para que la ley de protección de datos personales se cumpla, pero manteniendo las garantías de competencia y de uso de esa información para el desarrollo de muchas industrias que son relevantes”, agregó.
Y en el contexto de la reforma previsional, sostuvo que se debe “asegurar que la licitación de stock sea efectivamente una licitación competitiva y que no afecte o distorsione los capitales americanos que muchas compañías de seguros poseen en las AFP y que administran los fondos previsionales de muchos chilenos”.
¿Cómo abordar los aranceles «invisibles»?
Weber explicó que “uno de los aranceles invisibles más importantes es la llamada permisología, que es la burocracia excesiva del Estado, y hay dos proyectos de ley en esa dirección. Uno de permisos sectoriales, que va bien encaminado, pero que no mueve sustantivamente la aguja, y otro del Sistema de Evaluación Ambiental, que requiere modificaciones sustantivas. Eso significa que todos estamos de acuerdo en proteger el medio ambiente, pero tenemos que hacerlo con una institucionalidad ágil y que, por ejemplo, permita fast-track. Países como Portugal lo que han hecho es desarrollar vías alternativas para aquellos proyectos de fácil despacho para que avancen rápido”.
El académico ejemplificó que “otros países lo que han hecho es generar, por ejemplo, un listado de proyectos estratégicos. Por la cantidad de empleos que generan o por la cantidad de recursos invertidos, para que esos proyectos tengan también una vía ágil y estén todas las instituciones del Estado de acuerdo en que es bueno para el país poder desarrollarlo”.
“Por lo tanto, reducir la permisología es una de las maneras más importantes para que la tasa interna de retorno de los proyectos sea alta. Es mucho más importante para un proyecto de inversión que se ejecute el día 1 y no el día 900, como muchas veces pasa, a incluso bajar la tasa corporativa de impuestos a las empresas”, culminó el decano la conversación con nuestro medio.



















