La escorrentía de carreteras, cargada de un contaminante invisible proveniente de los neumáticos, está causando altas mortalidades en juveniles de salmón coho durante las tormentas primaverales. Un estudio en Washington revela que el riesgo no es estacional ni exclusivo de los adultos: acompaña al salmón durante todo su ciclo de vida en agua dulce.
Durante décadas, las imágenes de salmones coho adultos muriendo antes de desovar tras las primeras lluvias otoñales se han convertido en un símbolo del impacto de la urbanización sobre los ecosistemas acuáticos del noroeste de América del Norte. Este fenómeno, conocido como síndrome de mortalidad por escorrentía urbana (URMS), se vinculó finalmente a un compuesto inesperado: la 6PPD-quinona (6PPDQ), un producto de transformación que se genera cuando el antioxidante de los neumáticos reacciona con el ozono del aire.
Hasta ahora, el foco había estado puesto en los adultos. Sin embargo, una nueva investigación demuestra que el problema es mucho más amplio —y persistente— de lo que se pensaba.
Un tóxico que viaja con la lluvia
La 6PPDQ se origina en todos los neumáticos de vehículos y se libera de forma continua al ambiente a través del desgaste del caucho. Durante las lluvias, este compuesto es arrastrado desde las carreteras hacia arroyos y ríos, alcanzando concentraciones que pueden ser letales para especies sensibles.
El salmón coho juvenil es una de ellas. A diferencia de los adultos, que regresan a desovar principalmente en otoño, los juveniles permanecen todo el año en los arroyos, incluyendo la primavera, cuando también ocurren eventos de lluvia capaces de movilizar grandes cantidades de contaminantes.
Miller Creek: un experimento en tiempo real
Para evaluar este riesgo, investigadores realizaron un estudio de campo en Miller Creek, una pequeña cuenca urbana en el estado de Washington, históricamente afectada por mortalidades de salmón coho adulto. Durante la primavera de 2024, juveniles de salmón coho fueron expuestos, en condiciones controladas, ya sea a agua del arroyo durante tormentas o a agua subterránea limpia.
Los resultados fueron contundentes. En las tres tormentas estudiadas, las concentraciones máximas de 6PPDQ en el arroyo alcanzaron entre 73 y 110 ng/L, valores que igualan o superan las concentraciones letales medias reportadas para esta especie. En cada evento, alrededor del 80 % de los juveniles expuestos al agua del arroyo murió en períodos que oscilaron entre 24 y 73 horas. En contraste, no se registró ninguna mortalidad en los peces expuestos a agua subterránea.
La mortalidad no fue aleatoria: siguió de cerca la intensidad de las lluvias, el aumento del caudal y la cantidad total de 6PPDQ movilizada hacia el arroyo. Incluso tormentas relativamente comunes para la primavera fueron suficientes para desencadenar eventos de mortalidad masiva.
Un problema que no se “lava” con el tiempo
Uno de los hallazgos más inquietantes es que, pese a la ocurrencia repetida de lluvias a lo largo del año, las reservas de contaminantes derivados del tráfico no se agotan fácilmente. Las cargas de 6PPDQ transportadas durante las tormentas primaverales fueron similares entre eventos y comparables a las observadas en grandes tormentas otoñales.
Esto indica que la mala calidad del agua asociada a la escorrentía vial no es un episodio puntual ni un fenómeno de “primer lavado”, sino una amenaza crónica y durante todo el año para los hábitats de desove, crianza y migración del salmón.

Implicancias para la conservación del salmón
El salmón coho es una especie de enorme valor ecológico, cultural y económico. Sin embargo, en sistemas urbanos como Miller Creek, las poblaciones juveniles ya muestran densidades muy bajas y tasas de supervivencia estivales extremadamente reducidas. La exposición repetida a pulsos tóxicos durante las tormentas primaverales podría estar erosionando silenciosamente la base de estas poblaciones, incluso antes de que los peces tengan la oportunidad de emigrar al mar.
El problema no se limita al salmón coho. Otras especies sensibles, como la trucha costera de garganta cortada, también habitan estos arroyos durante todo el año y presentan alta vulnerabilidad a la 6PPDQ.
¿Qué se puede hacer?
El tratamiento de la escorrentía vial y la reducción del ingreso de contaminantes a los cursos de agua son medidas necesarias, pero difíciles de implementar a gran escala debido a los altos costos y volúmenes involucrados. Frente a ello, los autores plantean una alternativa de fondo: reformular los compuestos químicos utilizados en los neumáticos, eliminando o reemplazando sustancias con alta toxicidad acuática.
Considerando los enormes recursos destinados a la restauración de hábitats y a la suplementación de poblaciones de salmón, atacar el problema en su origen podría ser una de las estrategias más costo-efectivas para proteger estos ecosistemas.
Un riesgo invisible, pero constante
Este estudio deja un mensaje claro: la escorrentía de carreteras no es solo un problema urbano ni estacional. Es una presión ambiental persistente que acompaña al salmón durante todo su ciclo de vida en agua dulce. Comprender y mitigar este riesgo será clave si se pretende avanzar realmente en la recuperación de una de las especies emblemáticas de la costa del Pacífico.
Lea el estudio completo aquí: Roadway Runoff Induced Acute Mortality in Juvenile Coho Salmon During Spring Storm Events


















