La reciente visita del presidente Gabriel Boric a Puerto Montt estuvo cargada de anuncios sectoriales e inauguraciones significativas: el nuevo Terminal Internacional de Pasajeros y Centro de Vinculación Ciudad Puerto de Empormontt, el servicio ferroviario EFE Llanquihue–Puerto Montt y el nuevo Centro de Reinserción Social Juvenil de la región de Los Lagos. Sin embargo, en medio de estos hitos, una gran ausencia se hizo evidente: la falta de cualquier mención sustantiva o gesto político hacia la industria salmonicultora.
Ausencia de anuncios para la salmonicultura
Puerto Montt no es solo la capital de la región de Los Lagos; es el corazón productivo de la salmonicultura chilena, una actividad que genera miles de empleos directos e indirectos, impulsa el desarrollo de comunidades enteras y sostiene una parte importante de las exportaciones del país. Por eso, no se trataba solo de un acto simbólico. Se esperaba que, en este territorio, el presidente reconociera el peso económico y social de la industria, que diera señales claras —al menos una reunión, aunque fuera protocolar— que permitieran proyectar algún tipo de hoja de ruta común.
Más desconcertante aún resulta esta omisión si se considera que, apenas unos días antes, en la gira presidencial a Brasil, participaron representantes de los gremios salmoneros en calidad de actores relevantes del comercio bilateral. Que se los considere en una visita internacional, pero se omita su existencia en su propia casa, no solo es un desaire, sino un mensaje preocupante sobre las prioridades del Gobierno.
Silencio frente a la salmonicultura
No se trata de pedir privilegios. La industria salmonicultora enfrenta desafíos reales: presión ambiental, cuestionamientos regulatorios, y una creciente incertidumbre sobre su proyección a largo plazo. Lo mínimo esperable desde el Estado es apertura al diálogo y disposición a construir certezas. En cambio, lo que se vio fue una agenda cerrada, enfocada en obras puntuales —importantes, sin duda— pero desconectada de uno de los motores económicos más relevantes de la región.
Chile necesita una estrategia clara para el desarrollo de su industria acuícola, una que equilibre sostenibilidad, competitividad y cohesión territorial. Para eso se requiere liderazgo político y presencia institucional. Ninguna de esas cosas se manifestó en esta visita presidencial.
El silencio —incluso si no es deliberado— también comunica. Y en este caso, el mensaje que recibieron las empresas, trabajadores y comunidades ligadas a la salmonicultura fue de indiferencia. Una oportunidad perdida, en un momento en que el sur del país necesita más puentes que distancias.


















