Durante años, la industria salmonera chilena fue vista como el gran competidor capaz de destronar al líder mundial del sector. Hoy, tras casi dos décadas marcadas por crisis sanitarias, tensiones regulatorias y debate político, algunos actores del sector creen que ese ciclo podría estar cambiando.
Así lo planteó Cristián Swett, ejecutivo de Multi X, durante su exposición en el North Atlantic Seafood Forum, realizado la semana pasada en Bergen. Según el ejecutivo, la salmonicultura chilena estaría en condiciones de retomar una senda de crecimiento que quedó interrumpida por una serie de crisis estructurales, según informó SalmonBusiness.
De potencia emergente a crecimiento contenido
A mediados de los años 2000, las proyecciones del sector eran claras: Chile podría convertirse en el mayor productor mundial de salmón, superando a Noruega. En ese entonces, la producción chilena crecía a un ritmo vertiginoso, prácticamente duplicándose cada dos años. Noruega, en comparación, producía apenas alrededor de un 10 % más que Chile.
Sin embargo, ese escenario cambió drásticamente con la aparición del Infectious Salmon Anemia (ISA) en 2007. La crisis sanitaria provocó pérdidas masivas de peces y obligó a implementar profundas reformas regulatorias en toda la industria.
“El contraste es evidente”, señaló Swett. “En 2006, Noruega producía solo cerca de un 10 % más que Chile. Hoy produce aproximadamente un 50 % más, y si se considera únicamente el salmón Atlántico, la brecha se acerca al doble”, recordó el ejecutivo.
Según explicó, Chile recién en los últimos años ha logrado duplicar los niveles de producción que tenía antes de la crisis. Además, buena parte del crecimiento reciente ha estado impulsado por el salmón coho más que por el salmón del Atlántico.
Una década de presiones adicionales
A la crisis sanitaria se sumaron nuevos desafíos durante la última década. Entre ellos destacan las floraciones de algas nocivas que afectaron a la industria en 2016, el aumento de las críticas por parte de organizaciones ambientales y una mayor oposición política a la expansión de la acuicultura.
En el plano regulatorio, uno de los factores más relevantes ha sido la aplicación de la Ley Lafkenche, que establece mecanismos de protección para los espacios costeros de pueblos originarios y que ha añadido complejidad al acceso a nuevas áreas de cultivo.
A esto se sumó la inestabilidad política que vivió el país tras el Estallido social de Chile de 2019 y el proceso constituyente posterior. La propuesta de Constitución de Chile propuesta en 2022, finalmente rechazada por los votantes, incluía disposiciones que —según Swett— habrían dificultado el desarrollo de largo plazo de la salmonicultura.
Actualmente, cerca del 41 % de las áreas marinas de Chile se encuentran bajo algún tipo de protección, cifra que alcanza aproximadamente un 60 % en las regiones donde hoy se concentra la producción de salmón. En este contexto, desde 2017 se han otorgado muy pocas nuevas concesiones acuícolas.
Un posible cambio de clima
Pese a este complejo escenario, Swett sostiene que el clima político y social hacia la industria estaría comenzando a cambiar. En 2023, una propuesta regulatoria que buscaba restringir aún más el crecimiento del sector generó una fuerte reacción del mundo laboral, con manifestaciones en las que participaron cerca de 10.000 trabajadores vinculados a la actividad.
Más recientemente, el debate público sobre el financiamiento y la influencia de ONG ambientales también ha reconfigurado la discusión sobre el rol de la salmonicultura en el desarrollo económico del sur del país. En paralelo, distintos sectores políticos han comenzado a mostrar mayor apertura a fortalecer la competitividad de la industria.
Expectativas hacia el próximo ciclo político
De acuerdo con Swett, el sector espera que la próxima administración impulse reformas regulatorias orientadas a otorgar mayor certeza jurídica a los productores y reducir los costos operacionales que enfrenta la actividad.
Si esas condiciones se concretan, sostiene, Chile podría volver a posicionarse en una trayectoria de expansión. “Con el apoyo social y político regresando, creemos que Chile puede retomar el crecimiento”, concluyó.


















