Hace un par de días, la industria salmonicultora alzó la voz en el primer “Salmón Summit 2024: Potenciando la salmonicultura chilena al 2050” organizado por SalmonChile. El evento reunió a gremios, académicos, economistas, líderes políticos y representantes de la sociedad civil del país. Sin embargo, las grandes ausentes fueron, sin lugar a dudas, las autoridades del actual Gobierno.
El líder del gremio salmonicultor, Arturo Clément, aseguró que se realizaron las respectivas invitaciones y que les hubiese encantado que participaran en la instancia, pero en virtud de la ausencia, comentó que “eso es algo que tienen que responder ellos”. Ante tal situación, enfatizó que «me hubiera gustado que estuviera el Presidente y hubiera habido un par de ministros al menos. Lo importante es que haya representantes del Gobierno para dialogar y conversar, y para que ellos escuchen y conozcan más sobre esto. La verdad es que parte de los problemas que tenemos es que el actual Gobierno no conoce ni valora nuestra actividad».
Sin duda, al analizar la instancia, se puede decir que los resultados de la jornada fueron agridulces, porque se consiguió el objetivo de poner sobre la mesa nuevamente las aflicciones e incertidumbre de la industria salmonicultora, pero no se logró el diálogo y la vinculación con las autoridades, ni tampoco se consiguió un gesto o una señal de acercamiento, solo la sinfonía de un estruendoso silencio de parte de líderes que dirigen el timón nacional.
Probablemente, la presencia de alguna autoridad hubiera podido bajar un poco los ánimos, visto desde la inocencia, pero de igual forma ese cara a cara iba a ser áspero. Como era de esperarse, si al inicio del evento habló el ex Presidente de la República, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, resaltando que la industria del salmón ha sido el motor del crecimiento del sur de Chile en los últimos 30 años. «Sin recibir ni un solo subsidio del Estado. Lo ha logrado la región, los empresarios, los trabajadores, las instituciones, todo. Sin un peso del Estado. Eso es lo importante (…) ¿Y lo vamos a parar, lo vamos a detener, lo vamos a complicar?» Al mismo tiempo, hizo una dura crítica a la Ley de Acuicultura, calificándola como una «mala ley» y por lo tanto, que no se puede aceptar, porque destruiría lo que ya se ha construido
Así también, el ex mandatario recalcó que se necesita “menos permisología y burocracia, más asociación público-privada y mucha más seguridad”. Sostuvo que Chile no puede quedarse atrás en la competitividad mundial de la industria frente a su principal competidor, Noruega, detallando que en los últimos informes mundiales Noruega lidera con el 38% de la producción mundial, mientras que Chile se encuentra en un 27%. A la vez, cuestionó sin tapujos la Ley Lafkenche, subrayando que hay que cortarla de frente y, en el caso de la Ley de Pesca, señaló que Chile necesita una nueva y buena normativa.
El ex senador y actual vicepresidente ejecutivo de la Fundación Encuentros del Futuro, Guido Girardi, quien abordó en la jornada la acuicultura como una oportunidad estratégica para Chile en el siglo XXI, también se sumó a las palabras anteriormente dichas, recalcando que «el Estado está obsoleto, responde a un mundo que ya no existe. Tenemos que repensarlo porque las instituciones no tienen los recursos suficientes, la comprensión ni la flexibilidad. Si yo le pregunto a algún parlamentario o responsable del Estado qué es un algoritmo, ya estamos en un problema. Hay una incomprensión del mundo que viene y no hay un proyecto de sociedad futura».
Claramente se realizaron fuertes cuestionamientos a cómo se está abordando el desarrollo de la industria salmonicultora. Las butacas vacías, una vez más, se consideraron como una señal negativa y una muestra de falta de confianza, tal como lo indicó Arturo Clément en su discurso inicial, además de señalar que existe un ninguneo hacia la gente del sur y que la industria se siente asfixiada frente a la competencia. Pero, ¿qué hacer cuando no se aprecian gestos públicos, ni intenciones de acercamiento? Esa es la gran interrogante. Solo el tiempo dirá la última palabra, aunque se espera que no sea demasiado tarde antes de caer en el abismo de la desesperación.


















