«No importa por qué extremo llenes la bañera»: los mercados del salmón se ajustarán sin importar las interrupciones comerciales. Así lo aseguró Dag Sletmo, vicepresidente sénior y asesor de clientes de DNB Bank Seafood.
Las rutas comerciales pueden verse perturbadas o alteradas por las restricciones comerciales internacionales, pero la demanda global es tal que DNB no está preocupado por el mercado del salmón de cultivo.
Tal es la demanda global de salmón de cultivo que DNB Seafood cree que los precios y el suministro deberían verse relativamente poco afectados por las incertidumbres geopolíticas o comerciales en 2025, de acuerdo con lo manifestado por Sletmo.
Ingredientes en el escenario de la industria el 2025
Cada nuevo año en la industria del salmón trae consigo una mezcla de emoción e incertidumbre. Las preguntas abundan: ¿Cómo fluctuarán los precios? ¿Qué desafíos biológicos enfrentaremos? ¿Cómo impactarán las políticas globales, como las de figuras como Trump, en los aranceles? Además, siempre existe el factor sorpresa, eventos imprevistos que pueden sacudir el mercado, como el cierre repentino del mercado ruso o la reciente pandemia de Covid-19.
«Pero en 2025, creo que lo más emocionante será ver cómo se desarrolla un cóctel de tres ingredientes. Cada ingrediente es emocionante por sí solo, pero la interacción entre ellos podría ser especialmente interesante. Los ingredientes son mala reputación, una agenda regulatoria pesada y nueva tecnología. El primero, la reputación, es un factor negativo. El último, la nueva tecnología, es positivo. El del medio, la agenda regulatoria pesada, podría ir en cualquier dirección. La dirección que tome dependerá, entre otras cosas, de los otros dos factores”, comentó previamente Dag Sletmo al medio IntraFish.
La reputación
En la reputación (o licencia social, que es un término un poco más preciso), “Ahí, la industria sufrió un revés el año pasado. De las grandes industrias noruegas, la industria del salmón terminó penúltima en una encuesta realizada por la consultora Kruse Larsen. Apenas superó a la industria eléctrica (a la que muchos han culpado por los precios de la electricidad altos y volátiles), pero por detrás de la industria petrolera (a la que muchos asocian con el calentamiento del planeta), por detrás de la industria de comestibles (a la que la Autoridad de la Competencia ha acusado de colusión de precios) y por detrás de la industria financiera (a la que muchos asocian con las altas tasas de interés de las hipotecas). Y muy por detrás del ganador, que fue la agricultura”, afirmó el ejecutivo del DNB Bank Seafood.
Destacó que “no siempre es importante ser popular. Pero en las industrias fuertemente reguladas, casi siempre lo es. Puede ser difícil para los políticos luchar por una industria que es impopular entre muchos votantes. Y puede ser oportuno parecer duro. Uno está expuesto al ataque”, señaló.
La necesidad de un cambio de paradigma
El vicepresidente, indicó que la agenda regulatoria, es un factor neutral ya que puede ir en ambos sentidos. “Podemos tener cambios positivos y podemos tener cambios negativos. Pero inicialmente, debería haber sido un factor positivo. La razón por la que tenemos una agenda regulatoria pesada es que hay necesidad de cambios. Escucho cada vez más que la gente en la industria dice que necesitamos un cambio de paradigma. En muchos sentidos, hemos llegado al final del camino con la forma en que la industria opera hoy en día. El crecimiento del volumen es casi inexistente y cada vez más áreas se vuelven amarillas en el sistema de semáforos, mientras que la reducción en las zonas rojas no funciona según lo previsto”, señaló.
“Al mismo tiempo, las expectativas de la sociedad aumentan en muchos frentes, especialmente en lo que respecta al bienestar animal. En muchas industrias, depende de los propios actores impulsar el desarrollo. En la acuicultura, es más complicado. La propia industria tiene una gran responsabilidad, pero también las autoridades. Algunas industrias deben ser reguladas para funcionar bien. La acuicultura es una de ellas, la banca es otra”, agregó.
Sostuvo que “las buenas regulaciones promueven las oportunidades positivas y limitan los efectos negativos. Suena fácil, pero es tremendamente difícil en la práctica. Tanto la acuicultura como la banca son sistemas donde cada empresa individual es complicada, pero donde además se influyen mutuamente. Por lo tanto, los políticos y las autoridades son una parte central de la creación de valor. Esta es alta si las regulaciones son buenas, y baja si son malas. Y es más fácil tener a los políticos de tu lado si sienten que tienen el apoyo de los votantes.»
La innovación como motor
El ejecutivo destacó que “vemos cada vez más que la nueva tecnología funciona biológica y económicamente. La operación en aguas profundas se está desplegando a un ritmo impresionante. Lo mismo ocurre con la tecnología digital, donde los ‘casos de uso’ y el valor de utilidad se están volviendo más claros. Los sistemas semicerrados en el mar dan buenos resultados biológicos (y para Akvafuture, también buenos resultados económicos). Los sistemas RAS completamente cerrados se acercan a su objetivo, y la tecnología híbrida como la de Salmon Evolution parece funcionar bien biológica y económicamente”.
En tanto, “la acuicultura en alta mar está en sus inicios. También hay mucho desarrollo en alimentación y genética. La nueva tecnología a menudo necesita nuevas regulaciones. No es seguro que los sistemas semicerrados en el mar deban tener las mismas regulaciones con respecto a la distancia a las instalaciones vecinas que las jaulas abiertas. O que los límites de piojos en la operación en aguas profundas deban ser los mismos que en las jaulas de superficie. Estas son cuestiones técnicas”, apuntó.
El experto sugirió que “un mayor conocimiento de las corrientes oceánicas locales y la propagación de enfermedades y parásitos puede influir en las decisiones sobre la ubicación de las instalaciones”.
Y cerró que “si tenemos suerte, las oportunidades que crean la nueva tecnología y el nuevo conocimiento serán dominantes cuando se actualicen las premisas para la política y las regulaciones de la acuicultura en el próximo año. Si no tenemos suerte, tendremos procesos deficientes y una posición débil entre los votantes influirá en el resultado. Cruzo los dedos y digo como Max Manus: lo más probable es que salga bien”,



















