El Dr. José Maza, en su visita a Puerto Montt en el marco del festival de divulgación científica Ciencia Sin Ficción, volvió a poner sobre la mesa una idea que cruza buena parte de su trabajo como divulgador: la ciencia no puede entenderse solo como un conjunto de conocimientos, sino como una forma de mirar el mundo, hacerse preguntas y tomar mejores decisiones.
Durante una entrevista en Radio El Conquistador Red Los Lagos, el académico valoró el interés que despierta la astronomía en Chile, país que —según destacó— cuenta con condiciones excepcionales para observar el universo.
“Chile tiene cielos tan privilegiados que es natural que la astronomía despierte interés”, señaló Maza, recordando que cuando comenzó a estudiar esta disciplina, hace más de 50 años, “nadie sabía” mucho sobre el tema e incluso le preguntaban si estudiaba astrología.
Hoy, dijo, el escenario es completamente distinto. “Tenemos los mejores observatorios del mundo en Chile. ALMA, arriba en el altiplano de San Pedro de Atacama; Paranal; están construyendo el telescopio más grande del mundo, de 39 metros de diámetro”, afirmó.
Para Maza, esa condición impone también una responsabilidad cultural. “Si Chile es el mejor país para mirar el cielo, es lógico que la gente cache por lo menos lo mínimo sobre lo que hay arriba: de la Luna, de los planetas, del Sol, del equinoccio, del solsticio”, expresó.
Empleo y salmonicultura
Maza abordó directamente el caso de la salmonicultura chilena, una industria que calificó como una de las más relevantes surgidas en el país durante las últimas décadas.
“Si tú miras dentro de las industrias que han surgido en Chile en los últimos 30 años, no hay ninguna más exitosa que los salmones”, sostuvo el astrónomo. Maza destacó que Chile exporta cerca de “un millón de toneladas de salmones al mundo”, lo que, según remarcó, representa “un montón de proteínas para miles y miles de gente”. También mencionó el aporte económico de la actividad y su impacto laboral en zonas como Chiloé.
“En Chiloé hay 16 mil mujeres que trabajan fileteando salmones y que ganan un palito mensual y que han criado su familia”, señaló. También agregó: “No podemos dejar sin sueldo a 16 mil mujeres en Chiloé”.
Producir más, pero con menos impacto
La defensa que hizo Maza de la salmonicultura estuvo ligada principalmente al impacto humano y social de la actividad. Sin embargo, también planteó que el desarrollo productivo debe avanzar con mayores exigencias y menor impacto ambiental.
“Lo que tenemos que hacer es tratar no de exportar un millón de toneladas; ojalá dos millones de toneladas para el año 2035”, dijo, planteando la necesidad de contar con una proyección de largo plazo para la industria. En esa misma línea, agregó que también se debe exigir responsabilidad ambiental: “Digámosle a las salmoneras que contaminen lo menos posible”.
Para el académico, la discusión no debe separar artificialmente desarrollo, empleo y ciencia. Por el contrario, sostuvo que actividades como la salmonicultura pueden abrir oportunidades de formación, investigación y crecimiento intelectual en el sur del país.
“La industria del salmón da oportunidades para crecer intelectualmente, para que estudien esto, para que estudien piscicultura, para que estudiemos el mar”, afirmó.
“Del mar no conocemos nada”
Uno de los puntos más interesantes de la entrevista fue la crítica de Maza al bajo conocimiento que Chile tiene sobre su propio territorio marítimo. “El mar en Chile lo estudian como tres o cuatro”, expresó, aludiendo a la necesidad de fortalecer la investigación marina en un país con una extensa costa y una alta dependencia de actividades vinculadas al océano.
El astrónomo recordó investigaciones realizadas en la fosa de Atacama, donde científicos descendieron a más de 8.000 metros de profundidad. “Yo me asombré que bajaron a 8.050 metros de profundidad, 800 atmósferas de presión, cero luz, y encontraron unos bichitos que son como las pulgas de mar”, relató.
A partir de ese ejemplo, fue categórico: “¿Qué conocemos del mar? No conocemos nada”. La frase conecta directamente con los desafíos de regiones como Los Lagos, donde el océano no solo forma parte del paisaje, sino también de la economía, la identidad y las discusiones sobre sostenibilidad, innovación y futuro productivo.
La ciencia como forma de pensar
Según el astrónomo la ciencia no se limita a laboratorios, telescopios o publicaciones especializadas. “La ciencia es una manera de pensar, no es un cúmulo de conocimientos”, afirmó.
Maza explicó que enseñar ciencia implica también enseñar a observar. “Uno mira con los ojos y ve con el cerebro”, dijo, agregando que es necesario “conectar el cerebro para poder realmente captar lo que está alrededor”.
En ese sentido, llamó a motivar a niños y niñas desde la curiosidad, la observación y la experiencia directa con la naturaleza. “Queremos motivar a los niños, decirles: mira, contempla las alas de esta mariposa, es una maravilla; contempla esa galaxia; mira los árboles, son todos distintos”, expresó.
También hizo un llamado especial a incentivar a las niñas en áreas científicas y tecnológicas. “Tienen que poder pararse en sus propios pies, tienen una inteligencia notable”, afirmó. “Hay que motivar a las niñas que se vuelen con lo que sea: con ir a Marte, con inteligencia artificial, con robótica”.
Desde esa mirada, el mensaje de Maza trasciende la astronomía. En una región marcada por el mar, la salmonicultura, la producción de alimentos y los desafíos ambientales, su llamado apunta a instalar la ciencia como una herramienta para comprender mejor el territorio, fortalecer la educación y proyectar un desarrollo con mayor conocimiento.
Porque, como resumió durante la entrevista, el desafío no es solo mirar el cielo: también es aprender a mirar el mar, entenderlo y formar a quienes deberán tomar las decisiones del futuro.


















