En la acuicultura moderna del salmón, los barcos vivero —o wellboats— se han convertido en una pieza estratégica. Transportan, manipulan y tratan millones de peces vivos cada año, en operaciones cada vez más complejas y tecnológicamente sofisticadas. Sin embargo, una nueva investigación noruega pone el foco donde menos suele mirarse: en las personas.
En el contexto de los wellboats, el riesgo biológico se define como el conjunto de condiciones —operativas, tecnológicas y ambientales— que pueden comprometer el bienestar de los peces. En Noruega, donde el salmón del Atlántico (Salmo salar) representa más del 50% del mercado mundial, este riesgo es especialmente relevante.
El crecimiento acelerado del uso de wellboats, que aumentaron más de un 50% entre 2018 y 2022, está ligado al auge de tratamientos no medicinales contra parásitos como el piojo de mar. Estos procedimientos, aunque necesarios, implican etapas altamente estresantes para los peces: ayuno previo, agrupamiento, bombeo, transporte y exposición a condiciones variables de calidad de agua. Lesiones, estrés fisiológico y mortalidad post-tratamiento siguen siendo algunos de los principales desafíos de bienestar en la fase marina del salmón.
Una pregunta clave: ¿qué marca realmente la diferencia?
Consciente de que la información disponible es fragmentada y, muchas veces, inaccesible por razones de confidencialidad, el estudio se propuso recopilar y sistematizar el conocimiento basado en la experiencia directa de la industria. Para ello, los investigadores aplicaron un método Delphi modificado, que incluyó entrevistas individuales, entrevistas grupales y una encuesta anónima a tripulantes de wellboats, salmonicultores, personal de salud de peces y otros profesionales del sector.
El resultado fue claro y consistente a lo largo de todo el proceso: aunque los factores técnicos son fundamentales, su efectividad depende de cómo las personas los implementan en terreno.
Tres factores humanos decisivos
El estudio identifica tres factores humanos esenciales para reducir el riesgo biológico en las operaciones de wellboats:
- Personal experimentado en puestos clave, con el enfoque correcto:
La experiencia práctica permite reconocer riesgos de forma temprana y tomar decisiones rápidas en contextos dinámicos, donde las condiciones pueden cambiar en minutos. El conocimiento teórico, por sí solo, no basta. La falta de atención —especialmente durante fases críticas como el hacinamiento y la carga— aumenta significativamente la probabilidad de incidentes. - Comunicación clara y eficaz:
Una mala asignación de roles, la falta de refuerzo verbal de la información escrita o una comunicación deficiente entre turnos pueden desencadenar errores con consecuencias directas sobre el bienestar de los peces. El estudio subraya la importancia de reuniones pre-operativas, comunicación en tiempo real y una cultura de apoyo entre colegas. - Planificación y evaluación sistemática de riesgos:
Ignorar el estado de salud de los peces, las limitaciones de capacidad del barco o las condiciones ambientales incrementa el riesgo biológico. Una planificación rígida, condicionada por la disponibilidad logística más que por el bienestar animal, también puede llevar a decisiones subóptimas. Los investigadores destacan la necesidad de planes flexibles, con márgenes de seguridad y evaluación continua de incertidumbres.

Tecnología avanzada, pero personas al mando
Los wellboats modernos cuentan con sistemas de tratamiento de agua, bombeo avanzado y tecnologías diseñadas para minimizar el estrés. Sin embargo, el estudio demuestra que incluso con parámetros técnicos bien controlados, los errores humanos pueden comprometer toda la operación.
De hecho, los factores operativos —calidad del agua, estado sanitario de los peces, protocolos de carga, aclimatación o ayuno— fueron considerados adecuados por los expertos siempre que los tres factores humanos fundamentales estuvieran bien gestionados. En otras palabras, la tecnología funciona solo si las personas lo hacen.
De la investigación a la práctica
Como resultado concreto del proyecto, se desarrolló una Guía Digital de Wellboat, que reúne recomendaciones de buenas prácticas basadas tanto en los hallazgos del estudio como en la literatura científica existente. Esta guía busca traducir el conocimiento experiencial en herramientas prácticas para reducir el riesgo biológico en operaciones reales y la guía está disponible aquí.
En este sentido, el mensaje final del estudio es inequívoco, ya que, para proteger el bienestar del salmón del Atlántico en los wellboats, no basta con invertir en tecnología. Es imprescindible invertir en personas, comunicación y planificación.
Reconocer los factores humanos como causas raíz —y no solo como elementos secundarios— es clave para avanzar hacia operaciones más seguras, eficientes y sostenibles. En un sistema cada vez más complejo, el factor humano sigue siendo el eslabón decisivo entre el riesgo y el éxito.


















