Bajo la superficie del mar existe un universo microscópico que cumple funciones esenciales para el equilibrio de los ecosistemas. Bacterias y otros microorganismos participan en la transformación de la materia orgánica y en el ciclo de nutrientes. Estos procesos contribuyen al funcionamiento de los ambientes marinos. ¿Cómo responden estas comunidades al contacto con sustancias como el florfenicol, usadas en la salmonicultura?
Esta es una de las preguntas que aborda el estudio “Florfenicol used in salmon farming can shape marine planktonic microbial communities and their functioning: Insights from a microcosm experiment”, desarrollado por María-Lorena González, Doris Soto, Ruben Avendaño-Herrera y Renato A. Quiñones, investigadores vinculados al Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (INCAR²-CIA), la Universidad de Concepción y la Universidad Andrés Bello.
La investigación examinó los efectos del florfenicol sobre comunidades microbianas presentes en el agua de mar. Es uno de los principales antibióticos de la fase marina de la salmonicultura chilena. Sus resultados aportan nuevos antecedentes para comprender la relación entre los tratamientos sanitarios y la dinámica natural de los ecosistemas costeros.
Una mirada a los procesos que no se ven
Para estudiar esta interacción, el equipo realizó experimentos de microcosmos. Usó comunidades microbianas de dos localidades. Una es Stn-18, en la zona centro-sur de Chile. La otra es Achao, en el norte de la Patagonia chilena, donde existe actividad salmonicultora.
Los investigadores evaluaron la respuesta de estos microorganismos a dos concentraciones de florfenicol, de 1 y 150 microgramos por litro. Las compararon con condiciones de control, sin antibiótico.
El análisis consideró la respiración microbiana y la actividad de enzimas extracelulares. También midió la utilización de distintas fuentes de carbono y la diversidad de la comunidad microbiana activa.
Los resultados mostraron cambios en varias de estas funciones. En comparación con los controles, la respiración específica disminuyó hasta un 40%. En cambio, la actividad enzimática extracelular registró reducciones de entre un 22% y un 50%.
Estas respuestas son relevantes porque la respiración y las enzimas participan en procesos clave. Con ellos los microorganismos transforman compuestos y contribuyen al reciclaje de la materia en el ambiente marino.
En palabras de los autores, los resultados indican que el florfenicol puede “alterar el metabolismo de las comunidades microbianas marinas y limitar su capacidad para procesar materia orgánica y distintas fuentes de carbono”.
Comunidades distintas, respuestas diferentes
Otro de los hallazgos del estudio fue que las comunidades microbianas no respondieron exactamente de la misma manera en ambas localidades.
En Stn-18, los investigadores observaron una tendencia a la disminución en la utilización de sustratos de carbono, mientras que en Achao la tendencia fue creciente. Además, la comunidad de Achao mostró una respuesta más pronunciada frente a la concentración menor de florfenicol. Esta vino acompañada de cambios en la diversidad microbiana activa.
El equipo también registró una disminución significativa del amonio en los tratamientos con antibiótico. Además, aumentó la abundancia relativa de grupos asociados a la oxidación de este compuesto en la comunidad de Achao.
Estos resultados muestran que la respuesta de los microorganismos puede variar según las características de las comunidades estudiadas. Sin embargo, la comparación entre dos localidades no permite atribuir esas diferencias exclusivamente a la actividad salmonicultora. Tampoco permite asegurar que ocurran las mismas respuestas en todos los ambientes marinos.
Los hallazgos aportan antecedentes para seguir investigando. Falta saber cómo interactúan la composición de las comunidades microbianas, las condiciones ambientales y la exposición a sustancias usadas en la acuicultura.
Florfenicol y ambiente marino: comprender mejor la interacción
El florfenicol cumple una función sanitaria en la salmonicultura. Se utiliza para tratar enfermedades bacterianas como la piscirickettsiosis, la enfermedad bacteriana del riñón y la tenacibaculosis. Al mismo tiempo, como ocurre con otros compuestos empleados en actividades productivas, su destino ambiental constituye un área de interés científico.
El artículo explica que una parte de los antibióticos administrados con alimento medicado puede ser excretada por los peces. Otra parte puede ingresar al ambiente a través del alimento no consumido. La presencia y persistencia de estos compuestos dependen, entre otros factores, de sus características químicas y de las condiciones del entorno.
En este contexto, estudiar las comunidades microbianas permite ampliar la mirada sobre la relación entre producción y ecosistema. Además de comprender la eficacia de los tratamientos, resulta relevante conocer cómo determinadas sustancias pueden interactuar con organismos que cumplen funciones naturales en el mar.
El trabajo no busca establecer que los resultados experimentales representen necesariamente un efecto generalizado en los centros de cultivo. Al utilizar microcosmos, permite observar respuestas bajo condiciones controladas. Sin embargo, se requieren investigaciones complementarias. Estas deben determinar cómo se expresan los cambios en ecosistemas abiertos. Allí intervienen la circulación del agua, la dilución, la degradación de los compuestos y otras variables ambientales.
Nuevas preguntas para la investigación acuícola
La contribución de este estudio es aportar evidencia experimental sobre un aspecto del ambiente marino. No siempre ocupa un lugar central en la discusión sobre sanidad acuícola. Es el funcionamiento de las comunidades microbianas naturales.
Sus resultados invitan a profundizar en varias preguntas. Una es qué ocurre con estas funciones en condiciones reales de exposición. Otra es cuánto influyen las características de cada ecosistema. También, cómo integrar estos conocimientos en futuras evaluaciones ambientales.
Para la salmonicultura, comprender mejor estas interacciones puede ampliar la base científica. Con ella se evalúan los tratamientos sanitarios y su relación con el entorno de la actividad, un tema ligado a la resistencia antimicrobiana.

















